domingo, 22 de septiembre de 2013

¿Cómo se origina la poesía?

Hace bastante tiempo. cuando financiaba mis actividades jóvenes con la enseñanza de arte a niños en compañía de mis compañeros musicales de Nueva América, uno de ellos si trabajaba oficialmente de profesor de música, en el Claretiano, y en alguna conversación sobre los nombres complicados y graciosos que solíamos encontrar entre los matriculados en los diversos cursos, mencionó uno que parecía objetivamente increíble: Pucho Verdura. No estaba en los talleres de arte, pero esa combinación quedó grabada en mi mente con la duda si no se tratase de una creación de nuestro colega musical para vencernos en el conocimiento de apellidos raros.
Pasaron los años y los destinos que nos alejan y acercan a sitios, y me encuentro realizando actividad docente en el mismo colegio claretiano, con la casualidad que el alumno Félix Pucho Verdura seguía matriculado en el colegio, e inclusive lo tenía de alumno.
Eran tiempos en los cuales le pusimos mucha fuerza al orden académico en el colegio, instauramos los exámenes objetivos programados desde coordinación, únicos para todos los alumnos, es decir el mismo sea cual fuese el profesor. Una práctica que ahora se ha vuelto común, pero que en ese entonces la combinamos con la mezcla de los alumnos en los salones, de manera que en las jornadas de exámenes el único que quedaba en el salón original era el profesor, mientras que los alumnos pertenecían a diversos grados, por lo que resultaba más difícil ejercer el arte del plagio.
Paralelamente a eso, y otras  medidas que le dieran más importancia al nivel académico, incorporamos el uso de las computadoras para el control de las calificaciones, y con ello podíamos tener un listado de los alumnos cuyo rendimiento estaba siendo deficiente. Aplicamos la regla de invitar a conversar a los padres de familia de dichos alumnos, (los conversadores eramos tres: el director y los coordinadores de orientación). En esas conversaciones se intentaba motivar a los padres de familia a poner mayor empeño para que sus hijos rindieran mejor, se les explicaba el nivel de exigencia del colegio, y ponerles metas de mejora.
Esas conversaciones nos permitían llegar a conocer también la problemática que según los padres motivaría el bajo rendimiento, poder señalar algunas salidas adecuadas, a su alcance, e informar que en caso de repitencia no habría posibilidad de admisión.
Uno de los recurrentes en la lista era nuestro amigo Félix Pucho Verdura, quien solía tener varios desaprobados, además de ser uno de los que motivaban la queja de los profesores porque no mostraba mayor interés académico. Creo que hasta podría haber estado siendo víctima de ese fenómeno que ahora llaman Bullyng, y que no es más que el acoso escolar.
El chico, la verdad, era de un aspecto notorio no por las cualidades físicas sino porque a su delgadez acompañaba un acné muy pronunciado. Pero ésto no era lo único. Ya en esas épocas empezaba a escribir sus poemas, los que eran mayormente tomados en broma por sus compañeros y por los mismos profesores más ligados al tema literario. El cambio de estilo de exámenes le cayó terrible a su rendimiento, y era firme candidato a repetir de año. Recuerdo que uno de los regentes decomisó un poema entre los papeles que escondía antes del examen y que decía algo así como enfrentado al duro examen espero la mano generosa que me apoya con el papel que me permita superarlo.
Es decir un poema sobre su propia situación de angustia existencial que solo podría ser resuelta si le pasaban el plagio, o le resolvían el examen. Para lo que entendí, Félix no se encontraba en la situación más favorable para madurar, y lo mejor era que cambiara de colegio. Fue lo que le pedí a sus padres, quienes se oponían a ello, pero ante la alternativa de la inminente repetición de su hijo, aceptaron el traslado.
Pero como imaginarán su nombre, tan extraño, ha aflorado muchas veces cuando la ocasión merece comentar la anécdota de nombres raros, y la reacción de los oyentes supongo que es la misma que tuve la primera vez que lo escuché, es decir sonreír ante lo extraño del nombre y dudar de la existencia del mismo, aunque sea un poco.
Pero Félix si existe, y una vez, aprovechando las ventajas del google, lo busqué, con la sorpresa de que el señor era un poeta hecho y derecho, que había ganado un prestigioso concurso de poesía, nada menos que el de la Asociación Cultural Peruano Japonesa, y que habían publicado su libro.
Me pueden creer que, siendo absolutamente crítico con los que asumen el nombre de poetas y no son mas que hacedores de versos, pensé que la calidad de dichos concurso no era la mejor, pero puro prejuicio pues no había leído ninguno de sus versos, salvo lo que recordaba de su experiencia escolar.
Debí haber reprimido ese prejuicio pues uno de los jurados era José Watanabe, a quien respeté mucho por su seriedad y calidad literaria, y que no aprobaría algo que no valga la pena para ser premiado. Cuando recorriendo algunas ventas de libros me encuentro con el texto de Eduardo Félix Pucho Verdura, lo adquirí de inmediato, pero con la idea de colocarlo en mis notas interneteras como una cosa interesante. Valga verdad. el solo título del libro me puso un pare, ya que son dos términos supongo que creados, pero son una sonoridad interesante: Nargova y Zogona.
Leyendo sus versos me encuentro con  que no es el verso que aprecio personalmente, pero si encuentro calidad y creatividad en su trabajo, y tiene mejor estilo que muchos que se auto proclaman poetas. La poesía tiene el defecto de mostrar muchos de los demonios interiores que son la delicia para los psicoanalistas. Supongo que mucho podrían obtener de información de lo que pasa en la cabeza del buen Eduardo Félix Pucho Verdura por medio de sus escritos. Por lo menos creo que el premio no ha sido un regalo, sino que ha tenido su merecimiento. Para finalizar algunas líneas de lo que escribe el señor Pucho.

Los pajarones cruzando la calle de las peinadoras

Ebrio en el vapor de tu cabello enredado
Dragones veo en el techo
Se me olvidan las palabras cuando hablo
Tengo que volver al traje
Los pajarones cruzando la calle de las peinadoras
Y siempre volver
Volver a los rituales
De destrucción
De este cuerpo que conservo
Sin poder dejar de mirar la pantalla
Evitando tu mirada
Luego de un rato
Mis ojos lloran
Esfuerzo
Fruto
E
Intuición
Insistencia.

Tiene su gracia.
Carlos Velarde Reyes

lunes, 7 de enero de 2013

Vargas Llosa visto por Herbert Morote

Herbert Morote es un prestigioso autor peruano, cuya obra "suerte para todos" me permitió reconocer su calidad, por ser una novela ágil, amena e interesante, lo que ya es bastante para prestigiar al autor, sin embargo también mostraba una personalidad y profundidad que le da calidad a la obra.

 Habiéndolo conocido previamente por las noticias de un libro publicado sobre Vargas Llosa, y luego alguna denuncia de plagio con Bryce (cómo no), no me había hecho un buen concepto sobre lo que podría ser su libro Vargas LLosa tal cual, el que bastante tiempo lo tengo en la lista de pendientes en formato digital, y que por estar en esa enorme lista de libros digitales, tienen poca probabilidad de ser leídos en su totalidad, ya sea por la cantidad, o porque siempre los pendientes en formato tradicional, es decir impresos en papel común y corriente, van a tener prioridad.

 Tuve la suerte de recibir un ejemplar de la segunda edición, publicada ya luego de la emoción de celebrar al peruano con el novel, luego de ver una transformación nueva del laureado escritor, de radical neoliberal en un demócrata más abierto al cambio, que posibilitó el apoyo a la candidatura de Humala con una propuesta, en esos momentos, más bien de centro izquierda. Pues es muy agradable encontrarme con un libro muy bien hilvanado, de mucho interés, y que aporta importantes elementos a la comprensión de la realidad política actual de Perú.

 En primer lugar no es un libro de crítica literaria, tampoco es una biografía, ni siquiera es un análisis de la personalidad del autor. Es un libro que contrasta la realidad tras la realidad. Es un libro que partiendo de las memorias públicas de MVLl, es decir de "el pez en el agua" escrito con motivo de la derrota de las elecciones de los noventa, cuando durante tres años había sido el favorito de las encuestas, se escribe quizá como catarsis, quizá como aprovechamiento de las condiciones para publicar un libro de interés público. 

Los dos momentos del análisis, que mejor es leerlos, son la presentación de su origen familiar y la explicación del devenir político del movimiento libertad. Ambos momentos son sumamente explicativos de situaciones que vivimos en la actualidad.

Por un lado esa explicación de su entorno familiar nos permite entender su limitado concepto de cultura, que presenta en el libro "La civilización del espectáculo", en el que demuestra una incapacidad de entender el concepto de cultura antropológico, pretendiendo que la única forma de cultura es por el elitismo, prácticamente, es decir que algunos iluminados marcan lo que es más valioso, y para disfrutarlo, hay que aprender a disfrutarlo, es decir ser de la élite que tiene la capacidad de apreciarlo. Lo menos que se puede decir de ello es que la cultura es un proceso dialéctico, que parte de la vida misma como interacción, y que va evolucionando, deviniendo en formas culturales para los que se requiere de una formación previa, pero que provienen de la raíz popular y no son separables de ella, por ello César Vallejo decía que todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él, Incluyendo al mismo Mario Vargas. Esa incapacidad de entenderlo, y más bien la pretensión de justificar lo contrario, está explicado en ese sentido apego a una imagen de élite familiar creada por él mismo, porque, como lo muestra Morote, no tiene ningún asidero material, sino que es una realidad que el autor ha construido, y lo ha asumido como real. Eso explica que aplique conceptos absolutamente errados como el del racismo al revés, que significa el odio de las víctimas del racismo hacia los que los discriminan. Ese odio que es una respuesta racional ante una agresión directa, no es racismo, es reacción, pero que el autor no lo entiende, porque pretende mirar desde la óptica del otro lado, al que quiere representar y en el que quiere sentirse víctima. El pueblo inculto es el que lo rechaza por ese irracional racismo (el racismo es de todos modos irracional) y eso explica, de alguna manera, que no llegar a ser el presidente del Perú al que todos debiéramos estar agradecidos por su gran desprendimiento.

 Pero igualmente es importante en la otra parte, la explicación política, la constatación de un plan del cual nos salvamos, a pesar de lo terrible que resultó el gobierno del personaje que le venció. Con una propuesta que probablemente haya presentado y convencido al actual presidente para realizarla, ya que es capaz de asumir que es lo correcto.

 Morote nos presenta las adaptaciones de Vargas Llosa a los momentos políticos, por ello es comprensible que su discurso actual sea menos neoliberal y asuma algunas posiciones progresistas, por ello es que ya no apoya radicalmente el sionismo, sino que propone el diálogo para la paz en medio oriente. Pero mantiene las constantes críticas desmedidas a los gobiernos de izquierda como los da Chávez, Correa y Kirchner.

 En fin, Herbert Morote presenta un buen material de lectura, que, además, nos ayuda a comprender la circunstancia actual. Herbet Morote no es un autor de izquierda, es un escritor que luego de triunfar en el ámbito empresarial privado, empieza a escribir, por ello no hay un prejuicio contra el novel. Al contrario, tienen una experiencia de vida paralela, en cuanto a sus estudios iniciales. Vale la pena leerlo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Circulando el Morales Moralitos

Cuando Luis Caro me comunicó la publicación de su libro, esperaba un relato de crónicas. Crónicas interesantes porque un hombre que al lado de su sensibilidad artística, y calidad como intérprete, conjuga una ternura y sencillez; porque un exiliado de la cruel dictadura argentina realiza un enorme viaje en las condiciones más difíciles: con su mujer y su hija recién nacida, que de todos modos es también un estimulante para superar las dificultades; porque su facilidad para contar las cosas de manera amena, garantizaban una lectura interesante. Lo que no esperaba era la calidad literaria de Luis Caro, la facilidad para narrar con un lenguaje elegante y sencillo, con un uso del lenguaje cotidiano al mismo tiempo que uno literario muy fino.
Estructurado como una serie de relatos breves, sin embargo nos muestra un hilo que desemboca brillantemente en ese tren con los habitantes del Molino a quienes generosamente los conduce al Purgatorio, aunque se trate del tren del infierno. La presentación inicial con la descripción de la llegada de Perón está muy bien lograda. Los personajes se nos quedan en la memoria, totalmente vivos, quizá reclamando mayor protagonismo posterior. Es decir, como una buena obra, nos deja las ganas de una segunda parte. De repente Luis Caro hace el esfuerzo de completar estos relatos con otros del mismo corte, o extiende luego algunos personajes, o nos brinda otra obra que nos ayude a gozar el momento de la vida. Porque la vida se goza por momentos, por ello la magia de la buena canción que nos da las mejores sensaciones en los instantes en los que la escuchamos (o ejecutamos según sea el lado). Leer el libro es como gozar esos momentos escuchando una buena canción, es oír a Luis Caro y su guitarra contándonos vida y acompañados del buen vino.
Como la amistad puede llevar a regalar elogios a los que no lo merecen (yo regalo mas bien silencios, pues hasta las críticas negativas deben darse sólo a los que las merecen pues sirven de algo), les incorporo uno de los relatos, para que puedan buscar el libro.
La Preferida Luis Caro
Fin de un sueño. El campeón argentino Anemia Pardales maltrató al marplatense Juan Bocha Patané. La Capital, 12/11/1967
La noche en que Bocha peleó por el título, estábamos sus discípulos de siempre: el Zurdo García, el Loco Miraglia, Batata Lapadula y yo, que cantaba en los entrenamientos y me decían Gardelín. Llevamos papel picado casero, serpentinas y matracas; aquella velada logramos contagiar el fervor a todo el estadio. Los pibes que aprendíamos en la escuela de box del Estadio Bristol teníamos entrada libre a La Preferida, una tribuna en voladizo frente al ring side. Juan Bocha Patané era un laburante de la construcción. Después de trabajar entrenaba dos o tres horas, todos los días. Nos prestaba los guantes profesionales para hacer sombras, nos enseñaba los códigos del oficio y a veces guanteaba con nosotros, casi sin tocarnos.
Los Preferidos, como se nos conocía, le enrollábamos las vendas, le alcanzábamos el agua, las sogas, le atábamos los cordones de las botas. Asistíamos felices a nuestro campeón y admirábamos su esfuerzo. Ocasionalmente, después de ganar alguna magra bolsa, nos invitaba a La Ponderosa, a comer pizza con agua.
Bocha era un padre para esos pibes que no tenían padre. Al Zurdito García le pagó la penicilina para sacado de una blenorragia crónica. Él en persona fue a a la Comisaría Primera a buscar a Miraglia, que había caído por intento de robo. Con Batata Lapadula la cosa fue más complicada: tuvo que hablar con un juez, habitué del Brístol, para que intercediera en su favor. Batata encontró al padrastro abusando de su hermano y no esperó: le dio una paliza brutal al violador y lo empaló con una escoba hasta dejado casi muerto.
Conmigo Bocha parecía tenerla más sen¬cilla, pero no. Un día se mandó por las suyas al sindicato de músicos, donde ensayaba la orquesta típica de Juancito Liste. El- maestro, conocido del barrio, apreciaba mi entusiasmo juvenil, y de vez en cuando me permitía cantar algún tanguito.
-Dale, Gardelín -era la invitación del maestro-; entrá a tempo, pibe. . Bocha sabía que el sueño de cantor era más fuerte que mis puños, y fue a presionar al viejo director para que me incorporase a la orquesta. Después de escuchar respetuosamente los argumentos incoherentes y deshilvanados del Bocha, el maestro Liste, con voz arrabal era, le preguntó: -Disculpe, pero ¿usted quién es? -¿Cómo quién soy? -dijo Bocha- Yo soy Juan Patané; campeón marplatense de la categoría mediano. -y a mí qué carajo me importa, señor Patané- contestó el maestro, para dar por terminada la entrevista.
Esa noche olvidé mis fantasías de entrar a la orquesta estable. Por el tiempo de la gran pelea, Bocha tenía más de treinta años y unos setenta combates profesionales. Éste no era uno más: era la pelea soñada, la pelea por el Título Argentino, la que podía instalado en el ranking mundial de la AMB, y tantas cosas más. Era la única oportunidad; la primera en su larga carrera y tal vez, por su edad, la última. La condición ineludible era superar a un gran campeón como el santafecino Anemio Pardales, y Bocha lo sabía. Se preparó como nunca, y más que lo esperado. No alcanzó.
Esa noche escuché por primera vez a un periodista especializado repetir, al costado del ring, una palabra que nosotros no usábamos: "talento". Según el relator, a Pardales le sobraba y, por desgracia, el Bocha Patané no tenía.
-¿Qué "polenta" dice este gil?-preguntaba el Zurdito García. -No, Zurdo, no es "polenta": la palabra es "talento"-le expliqué. Entonces, el Zurdito frunció el ceño y me preguntó: -¿Qué carajo es "talento", Gardelín?
La elegancia de Pardales para caminar el ring, la velocidad de las combinaciones, la variedad de golpes, el tiempo con que manejó el combate, fueron una cátedra de box para todos nosotros y también para el Bocha, lamentablemente. Lo peor fue que, como se había preparado bien, aguantó de pie toda la pelea.
Después de escuchar el fallo innecesario del jurado, los boxeadores, con los suyos, se retiraron al vestuario. Al llegar comprobaron que por la rotura de un caño del albañal, se había inundado el recinto. El productor de la pelea, Orestes Lamaña, propuso a los púgiles ducharse en el gimnasio, debajo de La Preferida. Partimos el campeón, envuelto en una frazada vieja; su asistente, el Bocha sudado, todavía sangrando, y más atrás, completando la procesión, los Preferidos, cabizbajos y en silencio. Lamaña abrió el gimnasio y se esfumó.
Llegando, los Preferidos, que conocíamos cada rincón, tomamos la iniciativa encendiendo la escasa luminaria. Luego de pasar los dos rings muletas, las tres bolsas y la pera, llegamos al fondo. Había una ducha eléctrica, de flor pequeña., apenas separada por una mampara de lona verde. La encendí y me quedé, atento mientras la usaban, al lado del interruptor: conocíamos las patadas mañosas e intermitentes de nuestro baño diario.
Los púgiles, extenuados, pusieron sus cuerpos desnudos espalda con espalda, nalga contra nalga, y ahí, con un hilo de agua y en el silencio del gimnasio desierto, se bañaron como viejos amigos. El Zurdo le alcanzó un pedacito de jabón al Bocha, y el Bocha se lo extendió a Pardales. El agua salía tibia un rato y luego hirviendo, sucesivamente. Cuando se extinguió, los escuché hablar, casi íntimamente:
-¿Y Lamaña dónde está? -preguntó Bocha- ¿Cuánto hicimos de bolsa? -No sé, Bocha, pero por la cara de culo que tenía comentó Pardales. -Qué cagada; justo ahora que iba a comprar un camioncito de ladrillos para la pieza de los pibes- se lamentó Bocha. -No te preocupes -aseguró el campeón-: si te falta algún peso yo te lo dejo. Salimos del gimnasio. Mientras se saludaban, apagué las luces del gimnasio. Habían apagado las del estadio. La oscuridad hizo que saliéramos despacio, en silencio, hasta la calle vacía.
Bocha saludó y se alejó. Fue hasta el farol de la esquina, encendió un cigarro y esperó el 572 Luis Caro.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Del origen de Ancla

No puedo asegurar mucho, ya que no fui parte del primer Ancla fundado en el Perú. Ancla, como es sabido, representa a Antonio Claret, el gran misionero catalán, que fundó asociaciones religiosas y laicas, entre las que destacan los misioneros y misioneras claretianas, pero también asociaciones laicas. Pero, con motivo del reencuentro del Ancla de El Porvenir, una de las experiencias más intensas entre las que he participado, hay cierto interés en conocer sus orígenes. Por ello, sería bueno saber quién dio la idea original del nombre y del grupo. Primero las realidades, el grupo Ancla es fundado en Magdalena, parroquia Corazón de María. El encargado de dirigir este grupo era un cura recien ordenado, que vino al Perú con otros tres novatos curas españoles, a renovar la pastoral de la delegación claretiana de Perú, muy dedicada exclusivamente a parroquias y colegios, pero, y esto era lo preocupante, sin vocaciones ni personal especialmente joven. Especialmente estos jóvenes sacerdotes habían compartido estudios en Salamanca con un estudiante peruano, una vocación venida desde Arequipa, que era Angel Núñez. Angel, gran amigo de promoción, fue el catalizador para que los compañeros de promoción: Victorio Robles, Pablo Gonzales, Antonio Díaz Bilbao, y un año después Pedro Herrero, decidieran ejercer su ministerio en Perú. Para la congregación era esencial dotar de sangre joven a la delegación de Perú, había sucedido una renovación en la Iglesia con el Vaticano II, en Latino-américa se veían nuevas visiones teológicas más comprometidas con la opción por los pobres. La juventud jugaba un papel fundamental en esta renovación. Pablo fue encargado de la pastoral juvenil en la parroquia Corazón de María de Magdalena. Creo que para captar los jóvenes lo que se hizo es partir de dos grupos iniciales:en primer lugar un club de admiradoras de los Ángeles Negros, que, a pesar de su origen, tenían una mayor formación, en cuanto a lo académico. También fue importante la participación de las misioneras del Verbum Dei, que tenían residencia cerca de la parroquia, y ya habían trabajado con un grupo de chicas en plan vocacional, estas monjitas eran mas bien modernas, no usaban hábito formal, aunque la ropa de cura y monja es casi reconocible de inmediato, y las dirigía la hermana Amelia, una super monja que caminaba a cien por hora en velocidad crucero. El grupo de las chicas del verbum dei se integraron a Ancla, y llevaron a sus hermanas y hermanos, y es precisamente con ese grupo que mi propio hermano se integró al Ancla con amigos del barrio, gracias a que las hermanas de uno de los amigos eran del grupo de chicas del Verbum Dei. Los dos grupos originales fueron femeninos, pero de inmediato convocaron a sus hermanos, y amigos de sus hermanos, así como a sus amigas y amigas de sus amigas, lo que hizo un grupo mixto bastante balanceado. Así que se constituye el grupo ya mixto, bajo la animación de Pablo Gonzales Pascual. Pablo, como les dije, era un claretiano joven, de muy buen aspecto físico (un muy buen jugador de fútbol) y una inteligencia muy superior al promedio, más bien podría decirse que con coeficiente de genio. No se si su idea fuese la que luego devino en las características del Ancla, pero lo que construyó es un grupo de encuentro. Las actividades iniciales giraban en torno a la misa, el fútbol y la reunión. Entonces esta combinación de elementos dio origen al primer Ancla, de Magdalena, grupo de encuentro, que cantaba en misa (evidentemente todo lo religioso lo aportaban las verbum dei), que jugaban fútbol (porque a Pablo le gustaba y a los muchachos también), que celebraban cumpleaños (porque las fans de los ángeles negros trajeron la sana costumbre). A mí me parece que el nombre se le ocurrió al mismo Pablo, como no estuve en el origen, no se si hubo una discusión interna para definir el nombre, pero tiene mucho sentido que, o se le haya ocurrido, y lo propuso, o trajo la idea preconcebida desde España. Como les dije, no estuve en sus inicios, ni siquiera tuve ganas de ingresar antes, porque era un universitario cuya vida giraba en torno al Fundo Pando y la vida política universitaria. No compartía casi nada con el barrio, menos me interesaban los problemas religiosos. Por esto la lista de primeros miembros puede estar algo limitada. Estaban Meche Saenz, Lucy Saenz, Raquel Rivas, Rocío Carrera, Juanita Miñano, Luis Revilla, Rudy Saenz, Hugo Velarde, Pedro Gil, Paco Gil, Sonia Zúñiga, Cristina Bravo de Rueda, Susana Torres, Milagros Torres, Javier Larrañaga, Cintya Carossi, Demetrio Tantalean, Angel Soto y recuerdo otros nombres, pero por el sobrenombre. Una de las chicas me volteó la cara por haberle llamado por el sobrenombre. En fin. Sus primeras actividades, formativas, giraron en torno a reflexionar los contenidos de Jesus Christ Superstar. Estoy hablando de aproximadamente el año 1975. En la foto está Pablo Gonzales, me acabo de dar cuenta que está en Perú, dejó la congregación para dedicarse a la empresa privada con mucho éxito

martes, 5 de julio de 2011

El racismo en los medios de comunicación


La existencia de racismo en los medios de comunicación es una verdad más que evidente, se manifiesta constantemente y de manera reiterada provocando en algunos casos el escándalo, como con el “negro mama” de Jorge Benavides, o pasando desapercibidos por la cotidianeidad de sus expresiones. Por ejemplo Hernán Vidaurre, actor cómico que trabaja en radio, televisión y espectáculos, aparece en un mensaje del canal 13 (Global TV) que anuncia su programa diario con un chiste que por viejo y repetido no deja de ser de contenido racista y profundamente ofensivo contra los negros en general (no es como en el caso de JB que caracteriza personajes individuales), que es el de la comparación de blanco y negro con el gorila, y dice que el blanco se parece más porque el negro es igualito.

El hecho que pueda resultar gracioso a mucha gente, inclusive negros, no le quita lo ofensivo de manera directa. La animalización de un grupo humano es una ofensa mayor. Es animalización porque los identifica: no son parecidos, son iguales. Y esa igualdad es motivo de risa por la burla, que es despectiva. Por supuesto que sería posible realizar una respuesta al señor Vidaurre desde diversos ángulos, una podría ser la campaña para que rectifique, como la que se hizo con Jorge Benavides y su personaje del negro mama, que podría conseguir una falsa rectificación o disculpa con la afirmación de no creo que esté ofendiendo a nadie, ya que los mismos afroperuanos se ríen de la broma, o yo también soy afrodescendiente porque tengo una abuela negra en algún lugar de mi pasado. Con el tiempo, tan breve como el que le tomó a JB resucitar su personaje negro mama, el señor Vidaurre caería en nuevas bromas racistas y ofensivas, y las luchas llevarían al cansancio como podría llegar la campaña contra el negro mama. Otra salida, sería contestar con un golpe similar, es decir aprovechar sus debilidades, muy notorias en lo físico y en su entorno afectivo, y contraatacar con bromas ofensivas que hagan que sabo0ree de su propia medicina. Por supuesto que aunque bien merecido se lo tendría, no sería más que avivar más el fuego de la intolerancia y evidentemente no contribuir a la eliminación del racismo.
Como venía explicando, no son los únicos casos, los hay en todos los niveles, de todas las procedencias. Por ejemplo una fuente de estereotipos negativos con los afrodescendientes proviene de una afrodescendiente en un programa de televisión. No es la primera, ya encontrábamos estos estereotipos en el fallecido animador Augusto Ferrando, también afrodescendiente, o del cómico Pablo Villanueva Melcochita, que hace constante sorna de los que son más negros que él, con chistes racistas y totalmente ofensivos, sin darse cuenta del contenido de los mismos.
La realidad es que el racismo es una expresión social negativa que debe ser controlada, pero aun más debe ser prevenida. Los códigos de ética son absolutamente ineficientes si es que no hay un reglamento que los efectivice, con sanciones al incumplimiento, pero las sanciones también suelen ser ineficientes cuando el incumplimiento de la ley desborda la capacidad de sancionar, como en el caso de muchas leyes de tránsito, en especial el aplicado a los peatones, que a los pocos meses de establecida es letra muerta.
El problema está en una informalidad en los medios de comunicación que hacen que la mayoría de personas que realizan actividades en los medios, en especial los que dan la cara la público, sean solo personas sin mayor formación, y si bien en algunos casos esa falta de formación previa es suplida con una formación humana que le dan un cierto nivel de calidad, como en el caso de Magali Solier, en otros, una gran mayoría, son precisamente estas condiciones, necesarias para ejercer un digno papel de comunicador social, el que deja que desear.
EL humorista debería sr una persona con formación suficiente que le haga comprender no solo las condiciones de la ética de las comunicaciones, sino los criterios para que su trabajo sea realmente de calidad. Porque en el caso del señor Vidaurre nos damos cuenta que no solo es el caso de emitir un contenido racista y ofensivo, sino el recurrir a un chiste ya usado, y también criticado previamente por el mismo contenido. No se hace humor simplemente siendo una persona de comicidad inmediata, sino desarrollando una capacidad de entendimiento del entorno que le permite ser creativo y tener calidad real en su trabajo. Si en vez de copiar chistes de revistas conocidas, leyera las críticas de humor, los libros sobre el humor, analizara las diferentes versiones que se dan de este arte, comprendería porqué un humorista prepara su material de manera que no solo resulte gracioso, sino que resulte no ofensivo a nadie. Además puede lograr un humor constructivo, original, inteligente.
Por ello pienso que además de los códigos de ética, se debe seguir insistiendo en la profesionalización. En que reciban una formación que garantice que su trabajo será con una formación integral previa, por tanto con un nivel de responsabilidad en lo que dice o insinúa. No pretendo que se impida la participación de personas con condiciones espontáneas que por ser graciosas, ameriten verlos en algún programa. Como expresiones de este nivel, no profesional, podrán estar, pero el trabajo y responsabilidad de la comunicación solo puede estar en manos profesionales, a quienes se les puede exigir porque se les ha formado para responder acordemente.

viernes, 20 de mayo de 2011

Transparencia, cinismo, inconsciencia

Lo que dijo Jorge Trelles, nosotros hemos matado menos, es un acto fallido. Estos son los actos que nos revelan más la verdadera intención de la persona, que en este caso refleja un pensamiento muy común, no solo entre los fujimoristas.
Lamentablemente la realidad de lo que piensan muchos está cercana a ello. Por eso no les afecta que el cargo de asesinato sea el que condena a su líder admirado. El asesinato, de un niño, está justificado porque capturaron a Abimael. Y así sus socios del opus dei y otros católicos militantes se escandalizan ante la posibilidad de muerte del inocente en el aborto, pero callan y aceptan el asesinato de un niño en Barrios Altos. Sólo la culpa de ese asesinato es suficiente para condenar a Fujimori y sus proyectos por diez generaciones, al estilo del castigo del Dios del Antiguo Testamento. Lo lamentable es que lo aceptan, que son falsos los rostros de arrepentimiento que callan al ¿consecuente, ingenuo, cínico? vocero de la colusión de las fuerzas más negativas de la política peruana. Porque salvando algunos que creen en la bondad de los regalos y que caen por inocencia real, esos que asumen el rol dirigente están más que seguros que volverían a ejecutar a los rivales de su proceso, porque el fin justifica los medios. Y esos osan llamar violentistas a los activistas de derechos humanos, a los combatidores reales de dictaduras, a los que como declaración de principios tienen la declaración de derechos humanos, y los acuerdos internacionales en favor del desarrollo.
Es que es mentira que defiendan la democracia o cuiden del crecimiento del país, defienden los intereses de unos cuantos privilegiados para quienes es más fácil incrementar sus ingresos y conservar los privilegios por medio de las facilidades que les dan algunos gobernantes en vez de atenerse a las reglas del mercado y ganar el pan con el sudor de su frente.
Porque más que el miedo a estatizaciones inventadas está el miedo a la transparencia, a la honestidad, al combate a la corrupción. Porque un gobernador corruptible tiene precio, y arrastra, hasta a los más reputados académicos.
Puede ser que ganen esta vez, que no se arriesguen a que el próximo presidente no tenga precio. Pero la tendencia es irreversible, las herramientas de la democracia están cada día más en la mano del pueblo. Si sale la señora Fujimori, soportaremos, ya lo hicimos con Alan, pero no sueñen con otra elección en la que puedan usar de su poder con una segunda vuelta. Creo que lo saben, por ello también habrá transparencia en ese gobierno.
He acudido feliz al retorno a las luchas de la izquierda de viejos arrepentidos que se han dado cuenta del error, y no han vuelto con la mirada gacha sino con la frente en alto. Con la misma dignidad seguiremos.

"Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado.."
(César Vallejo)

Hasta la victoria final. Siempre

miércoles, 30 de marzo de 2011

Identidad étnica o identidad política


Algunos saben que trabajo en una organización étnica afroperuana. Con motivo de las elecciones peruanas se ha propuesto un conflicto racional de intereses entre la identidad étnica y la identidad política. Poniéndolo en claro, si, en el caso afroperuano, un afrodescendiente (categoría política ganada en Santiago 2000: ver Romero llegamos negros salimos afrodescendientes)es también militante de un partido político, ¿cuál es su fidelidad principal?.
Comencemos porque es un falso conflicto, no puede haber choque de fidelidades, pues ambas identidades (ver Amartya Sen Desarrollo y libertad, y no les doy capítulo porque deberían leer todo) se mueven en planos diferentes. El ámbito de la identidad política es integral, implica una concepción del mundo, un concepto del hombre, una concepción de la historia y una esperanza, además de otras cosas que se me escapan o que no son tan trascendentes.
La identidad política es más amplia. Abarca la totalidad de la experiencia fáctica del hombre, es decir de lo que importa: su que hacer (Lenin acertó con esta frase, que da origen a la revista de DESCO, a la cual antes no me la perdía, pero ahora, la leo a veces, cuando me llega gratis). En términos que parecen intelectualmente profundos: fácticos. La política no me habla de mi situación económica actual, pues el hombre puede acomodarse a las circunstancias más adversas y sacar provecho o sufrir desventajas. Me refiero a que la política es la expresión de cómo quiero que me vaya tomando en cuenta al resto de las personas. En términos de Buber (un judío que reflexiona psicoanalíticamente) es la importancia del otro que se transforma en el TU.
La política es, pues la expresión de mi identidad social, como humano, como ser en el mundo, como ser a quien interesa qué será de mi aldea. La opción política es lograda como ejercicio de mi voluntad, y está aquí la gran diferencia con la identidad étnica , que es también política. La identidad étnica está inserta en mis características sociales. Es irrenunciable. Yo no puedo dejar de ser chino, de verdad no como el falso chino de Fujimori que es japonés, si mis ascendientes no cambiaban de apellido sería Wong Lau, y se entendería mejor porqué tengo los ojos chinos. Sin embargo no todos asumen su identidad étnica, la tienen, pero no la asumen porque o no lo han considerado, o lo consideran negativo. Por eso asumir la identidad étnica es una actitud política, un reconocimiento de que la situación en la que se está viviendo tiene una connotación política.
Creo que es más importante la identidad política. Sólo porque al asumir la identidad política he hecho el ejercicio de integrar esa identidad, más amplia, con mi identidad étnica, más específica. Por lo mismo no creo el las identidades parciales en las luchas políticas, no creo en los representantres de las mujeres, de los discapacitados, de los negros, indígenas, chinos, etc. Porque no es el ámbito, porque no es el espacio. Si para decidir la presencia política de los afroperuanos en el congreso debiera existir un representante afroperuano, el bienestar de los lactantes implicaría una presencia de los lactantes. ¿O alguien reclama por los lactantes a quienes se les practica la dolorosísima circuncisión y no pueden reclamar porque no tienen lenguaje para expresar lo terrible de la experiencia?. Disculpen lo caricaturezco, pero es necesario para entender.
La identidad es un tema político, pero de tal nivel que es exigible a todos los partidos olíticos, No hay partidos con exclusividad en el tema étnico. Si un partido excluye el tema étnico, está fuera del contexto social, el tema étnico ya es transversal, es exigible para todos, es parte de la constitución del ser humano. Ningún partido político puede asumir su exclusividad, ningún partido político lo puede pasar por alto.
Por ello, no me entusiasman las candidaturas "étnicas", u otra de otras identidades. En política sigo pensando de manera universal, pensando en el futuro.