El festejo socarrón dice: "yo tengo dos papás", la preciosa canción religiosa habla de mis dos mamás. Pero son más las madres, aunque no las reconozcamos como tales, está la madre patria, la madre iglesia, la madre congregación, etc. El reconocimiento de la maternidad se da en cuanto hay una identificación con la filiación. La filiación implica doble línea de origen: papá y mamá. Por ello la madre Iglesia lo es porque hay un padre que fundó la iglesia, lo mismo la madre congregación. ¿Cómo se dará esta identidad en las congregaciones femeninas?, un misterio para mi amigo Juan Carlos Salas, que es tan acucioso.
Hace mucho que no milito activamente en la vida religiosa, es decir en la congregación claretiana. No significa que haya perdido la identidad de hijo del Corazón de María, y de la madre congregación. Como lo he manifestado en otras entradas, el espíritu claretiano se mantiene vigente a pesar de la distancia, y en los acontecimientos diarios sale a flote, porque imprime carácter. Por diversas circunstancias me ha tocado volver a ver de cerca a la Congregación, con gran alegría porque la actitud normal con los que fuimos parte formal y ya no loo somos es de mantener cierta distancia, explicable por otro lado.
Esa circunstancia de estar más de cerca con la actividad congregacional ha producido un cierto desencanto inicial que luego se transforma en preocupación y ahora en un cuestionamiento sobre la situación real de la Congregación, de la Iglesia y de la esperanza religiosa por último.
Y es que en medio de la mediocridad de la Iglesia Católica, con un compromiso evangélico absolutamente chato, la vida de la congregación era, para mí, la esperanza de la transformación de la iglesia dada la existencia de la vida testimonial de mis hermanos cordimarianos. Lo mismo esperaba, en cierta manera, de la vida religiosa en general, pues ese testimonio del que renuncia al mundo sin dejar el mundo para ser testimonio vivo de la vida auténtica, me parecía de plena validez y vigencia. De una vigencia profética que superaría los seudo movimientos laicos creados para difundir un pensamiento retrógrado y anti evangélico disfrazado de conservador y tradicional, pero que no conserva la esencia del pensamiento evangélico liberador de Jesucristo, nio la tradición de la Iglesia que funda como comunidad de hermanos a quienes se les reconoce por que se veía que se amaban y que lo tenían todo en común. La vida religiosa era ese imán que atraería a las personas a darse cuenta que la felicidad se puede lograr aunque los placeres (no negativos) del mundo pudieran no vivirse: Dinero, Placer y Poder, al que se renuncia con los votos de castidad, pobreza y obediencia. Ese ejemplo de San Francisco, que transmitía felicidad en medio de una mendicante situación, cuya vida resultaba atractiva a otros, tan solo porque se le veía feliz.
Ahora la veo como una suma de intereses personales, algunos interesantes, pero que no suman, es decir que no hacen la unidad y por tanto no hacen testimonio. La prensa se preocupa, a nivel de Iglesia, de los escándalos sexuales, es porque nunca se preocupó de los escándalos económicos, de los escándalos de obediencia.
¿A donde?, la verdad no lo se.
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miércoles, 24 de febrero de 2010
viernes, 24 de octubre de 2008
La afectividad
De por sí el término afectividad es bastante abarcador. Yo le diría totalizador, como todo término que explique la naturaleza del comportamiento humano.
La afectividad es la búsqueda de afecto, o de afectos ya que puede buscarse en diversas personas. Abarca la totalidad de la persona: integralmente busca afecto, pero se refleja en la individualidad. Pide una respuesta individual, no hay afectos colectivos, aunque se lo aplique analógicamente para sentimientos colectivos como el amor a la patria, a la institución, la pasión por un club de futbol o de cualquier deporte. El amor por el partido político: un compromiso hasta la muerte. Pero esos no se incorporan a la afectividad en sí, y si en la persona se confunden esos planos afectivos, son señal de una seria distorsión psicológica a la que hay que tratar.
LA afectividad es la necesidad de relacionarse del ser humano. Esa afectividad, corre un papel fundamental en la vida religiosa. Un mundo en el que las relaciones personales son el sustento, ya que sin ellas no habría comunidad; donde el afecto está en el primer plano, ya que sin éste no habría la fraternidad. En ese mundo las amistades personales suelen también ser vistas con legítima sospecha.
El religioso rebnuncia a esa parte de afectividad fundamental en la vida que es la búsqueda de la pareja. La esencia de la vida religiosa es el cumplimiento de los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia, que significan el renunciamiento total al proyecto individual ya que se acepta el proyecto comunitario. ¿Es una renuncia a la libertad?, si, pero en un sentido especial, es el descubrimiento del proyecot de vida personal como fruto de una experiencia espiritual. El religioso tiene que tener vocación, no solo como inclinación positiva a un tipo de actividad, o como cualidades que le favorecen desempeñarse en determinado estilo de vida. EL religioso tiene que tener vocación como fruto de un descubrimiento de la trascendencia, tan transparente que le permite asumir que ese es su proyecto de vida, mientras que para el resto, el proyecto de vida sigue siendo una búsqueda permanente.
Al encontrar identidad con ese proyecto de vida, manifestado en un carisma particular (una congregación u orden), ya no nocesita discernir el camino, está encausado en él. Por ello renunca a los tres componentes de su libertad: el bienestar social, la realización sexual y la determinación absoluta de la voluntad.
Economía, Poder y Sexo, son los tres aspectos que configuran la personalidad, y asi fueron entendidos por los discípulos que expresaron en el Evangelio los famosos tres consejos.
La afectividad es la búsqueda de afecto, o de afectos ya que puede buscarse en diversas personas. Abarca la totalidad de la persona: integralmente busca afecto, pero se refleja en la individualidad. Pide una respuesta individual, no hay afectos colectivos, aunque se lo aplique analógicamente para sentimientos colectivos como el amor a la patria, a la institución, la pasión por un club de futbol o de cualquier deporte. El amor por el partido político: un compromiso hasta la muerte. Pero esos no se incorporan a la afectividad en sí, y si en la persona se confunden esos planos afectivos, son señal de una seria distorsión psicológica a la que hay que tratar.
LA afectividad es la necesidad de relacionarse del ser humano. Esa afectividad, corre un papel fundamental en la vida religiosa. Un mundo en el que las relaciones personales son el sustento, ya que sin ellas no habría comunidad; donde el afecto está en el primer plano, ya que sin éste no habría la fraternidad. En ese mundo las amistades personales suelen también ser vistas con legítima sospecha.
El religioso rebnuncia a esa parte de afectividad fundamental en la vida que es la búsqueda de la pareja. La esencia de la vida religiosa es el cumplimiento de los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia, que significan el renunciamiento total al proyecto individual ya que se acepta el proyecto comunitario. ¿Es una renuncia a la libertad?, si, pero en un sentido especial, es el descubrimiento del proyecot de vida personal como fruto de una experiencia espiritual. El religioso tiene que tener vocación, no solo como inclinación positiva a un tipo de actividad, o como cualidades que le favorecen desempeñarse en determinado estilo de vida. EL religioso tiene que tener vocación como fruto de un descubrimiento de la trascendencia, tan transparente que le permite asumir que ese es su proyecto de vida, mientras que para el resto, el proyecto de vida sigue siendo una búsqueda permanente.
Al encontrar identidad con ese proyecto de vida, manifestado en un carisma particular (una congregación u orden), ya no nocesita discernir el camino, está encausado en él. Por ello renunca a los tres componentes de su libertad: el bienestar social, la realización sexual y la determinación absoluta de la voluntad.
Economía, Poder y Sexo, son los tres aspectos que configuran la personalidad, y asi fueron entendidos por los discípulos que expresaron en el Evangelio los famosos tres consejos.
martes, 8 de julio de 2008
Continuando el camino
La vida religiosa, católica, es una experiencia muy profunda, humanamente plena, con una dinámica en la que la vida comunitaria y sus acontecimientos grandes o pequeños trascienden al tener todos al mismo tiempo un orden individual, una proyección humana y un encuentro con la trascendencia. Cada acontecimiento tiene esta triple referencia que es válida para todos los hombres: la relación que parte de mi yo profundo con la naturaleza (dominación), con la humanidad (fraternidad) y con la trascendencia (filiación).
Para los que no asumen una vida absolutamente inmanente, es decir sustentada exclusivamente en la existencia material (ateos y agnósticos), la misma experiencia es enriquecedora, pero para los que asumimos la vida incorporando en ella la trascendencia que le de "sentido" a la vida, la experiencia es realmente formativa. Es el encuentro de voluntades en torno a un sentido, unidas por la identificación con una vivencia de lo absolutamente otro, del sntido profundo de la divinidad, pero encontrados por la experiencia de la cotidianeidad, de los problemas humanso más simples, de la absoluta experiencia del otro más cercano.
No es la única forma de vivirlo, y la vida religiosa lo hace la forma de vivirlo, es decir la vida misma es esa experiencia. Pero el encuentro entre la cosmovisión y la convivencia humana se da constantemente, aunque de manera inconsciente. Es ese encuentro el que nos hace crecer, el que nos arroja ante el conflicto vital del que incorpora a su vida misma la búsqueda y difusión del "sentido". Puedo vivir para un proyecto humano sustentado en la solidaridad, en los valores, en la construcción de un mundo mejor, y al mismo tiempo vivo tratando de conseguir mejorar mi espacio individual.
Esa dialéctica que brinda una de las más lógicas afirmaciones del Nuevo Testamento: no se puede amar a un Dios que no se ve si no amas al prójimo que ves". La dualidad Mundo mejor con vivir mejor, el ser necesariamente social y fraterno y al mismo tiempo egoísta.
¿Qué aporta la vida religiosa?, pues el sustentar la vida en la comunidad, a diferencia de la sociedad económica que sustenta la vida en el egoísmo. La lógica que sustenta la econopmía es el mercado, que se mueve por la confluencia de competidores. La competencia surge por que los agentes individuales quieren maximizar sus utilidades, o ganancias, es decir sus ingresos económicos. ¿Para qué?, para obtener bienestar, que es una forma de decir estar biemn, poseer lo que me gusta, y eso solo se logra con el dinero que me dan las ganancias.
Si no hubiera ese afan de tner más, no habría motor para la competencia. Nadie compite por gnerar más trabajo, si para ganar más puedo eliminar trabajadores, con gusto lo hago, y de hecho reemplazo trabajadores por máquinas que me reducen costos, me incrementan mis ganancias. Ese es el motor de la competencia, y la economía formalmente se encarga de mostrarnois que esa es la mejor manera como funciona la sociedad, con ella se logra maximizar el bienestar, el empleo, la producción, la eficiencia, etc.
La vida religiosa al sustentarse en el compartir, nos muestra la posibilidad de vivir sin poner como principio motor el egoísmo sino la fraternidad, el sentido trascendente de la vida. Por ello es absolutamente subversiva, revierte el orden de la sociedad poniendo como fundamento el compartir por el sentido de la vida, y como elemento accesorio, al egoísmo de la vida cotidiana. Y es subversivo pues demuestra que puede vivirse de ese modo.
Lo difícil es vivirlo en la otra experiencia humana fundamental, la otra dimensión fundamental, que es la afectividad o vida sexual. La vida religiosa interpeta la castidad en el celibato o soltería, y por tanto la abstinencia no solo de toda relación sexual, sino la ausencia de la afectividad sexual que se manifiesta en el enamoramiento y encuentro genital. Traslada el tema a la pobreza, ya que lo asume como un bien al que se puede renunciar, por ello se forman comunidades de hombres o de mujeres exclusivamente.
Pero esto es otro tema, y merecerá otra entrada.
Para los que no asumen una vida absolutamente inmanente, es decir sustentada exclusivamente en la existencia material (ateos y agnósticos), la misma experiencia es enriquecedora, pero para los que asumimos la vida incorporando en ella la trascendencia que le de "sentido" a la vida, la experiencia es realmente formativa. Es el encuentro de voluntades en torno a un sentido, unidas por la identificación con una vivencia de lo absolutamente otro, del sntido profundo de la divinidad, pero encontrados por la experiencia de la cotidianeidad, de los problemas humanso más simples, de la absoluta experiencia del otro más cercano.
No es la única forma de vivirlo, y la vida religiosa lo hace la forma de vivirlo, es decir la vida misma es esa experiencia. Pero el encuentro entre la cosmovisión y la convivencia humana se da constantemente, aunque de manera inconsciente. Es ese encuentro el que nos hace crecer, el que nos arroja ante el conflicto vital del que incorpora a su vida misma la búsqueda y difusión del "sentido". Puedo vivir para un proyecto humano sustentado en la solidaridad, en los valores, en la construcción de un mundo mejor, y al mismo tiempo vivo tratando de conseguir mejorar mi espacio individual.
Esa dialéctica que brinda una de las más lógicas afirmaciones del Nuevo Testamento: no se puede amar a un Dios que no se ve si no amas al prójimo que ves". La dualidad Mundo mejor con vivir mejor, el ser necesariamente social y fraterno y al mismo tiempo egoísta.
¿Qué aporta la vida religiosa?, pues el sustentar la vida en la comunidad, a diferencia de la sociedad económica que sustenta la vida en el egoísmo. La lógica que sustenta la econopmía es el mercado, que se mueve por la confluencia de competidores. La competencia surge por que los agentes individuales quieren maximizar sus utilidades, o ganancias, es decir sus ingresos económicos. ¿Para qué?, para obtener bienestar, que es una forma de decir estar biemn, poseer lo que me gusta, y eso solo se logra con el dinero que me dan las ganancias.
Si no hubiera ese afan de tner más, no habría motor para la competencia. Nadie compite por gnerar más trabajo, si para ganar más puedo eliminar trabajadores, con gusto lo hago, y de hecho reemplazo trabajadores por máquinas que me reducen costos, me incrementan mis ganancias. Ese es el motor de la competencia, y la economía formalmente se encarga de mostrarnois que esa es la mejor manera como funciona la sociedad, con ella se logra maximizar el bienestar, el empleo, la producción, la eficiencia, etc.
La vida religiosa al sustentarse en el compartir, nos muestra la posibilidad de vivir sin poner como principio motor el egoísmo sino la fraternidad, el sentido trascendente de la vida. Por ello es absolutamente subversiva, revierte el orden de la sociedad poniendo como fundamento el compartir por el sentido de la vida, y como elemento accesorio, al egoísmo de la vida cotidiana. Y es subversivo pues demuestra que puede vivirse de ese modo.
Lo difícil es vivirlo en la otra experiencia humana fundamental, la otra dimensión fundamental, que es la afectividad o vida sexual. La vida religiosa interpeta la castidad en el celibato o soltería, y por tanto la abstinencia no solo de toda relación sexual, sino la ausencia de la afectividad sexual que se manifiesta en el enamoramiento y encuentro genital. Traslada el tema a la pobreza, ya que lo asume como un bien al que se puede renunciar, por ello se forman comunidades de hombres o de mujeres exclusivamente.
Pero esto es otro tema, y merecerá otra entrada.
Etiquetas:
antropología filosófica,
vida religiosa
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